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DOS ERRORES QUE CAMBIARON EL MUNDO

13-Oct-2017

 

 

Conos de helado

 

En la Feria Mundial de 1904 había un vendedor de helados llamado Ar- nold Fornachou. Este señor no había calculado bien la cantidad de per- sonas que se agolparían a su pequeño puesto para comprar su producto y rápidamente se dio cuenta de que se quedaría sin cuencos para servir su helado. Mientras tanto, justo al lado del puesto del Sr. Fornachou se encontraba un chef de pastelería llamado Ernest Hamwi, quien presen- taba un producto nuevo que parecía un waf e pero procedía de Persia y le llamaban “zalabia”. Cuando el pastelero vio que el heladero se había quedado sin cuencos, se le ocurrió rápidamente la idea de formar uno de sus zalabias en forma de cono y le puso una gran bola de helado encima y se lo ofreció a un cliente. La voz se corrió rápidamente entre todo el público y llegó a ser uno de los productos más vendidos en esa feria. En aquel entonces le llamaron “cornucopias”. Hoy día, los conocemos como “conos para helado” o “barquillos”. El error de un hombre (no haber calculado bien el número de cuencos que debería traer) se une al desatino de otro (la gente no quería un waf e persa), y entre los dos cambiaron la historia del mundo. ¿Qué sería nuestro mundo sin un buen cono de helado? Todos los errores y los desatinos tienen un lado positivo. 

 

 

 

La penicilina

 

Un biólogo escocés llamado Alexander Fleming descubrió realmente por accidente uno de los antídotos más poderosos para la bacteria. Antes de salir de vacaciones, Fleming había dejado algunas de sus placas de investigación apiladas en un rincón de su laboratorio, sin tomar la precau- ción siquiera de cerrar las ventanas del lugar. Cuando regresó, encontró que sus placas estaban llenas del moho característico que crece en lu- gares húmedos. Sin embargo, lo que Fleming notó con más interés fue que el moho en las placas había matado la bacteria a su alrededor. Esto provocó una cantidad de estudios más controlados para conocer mejor este fenómeno y lo que comenzó mercadeando como “jugo de moho”, un remedio que mataba varias bacterias, después se le denominó como “penicilina” y terminó siendo uno de los más grandes descubrimientos del siglo pasado, revolucionando el mundo de la medicina. Sin duda, hay cosas buenas que pueden comenzar con un error. 

 


"Nuestros errores son nuestros
mejores maestros”

 

Lo más importante de un error es aprender algo de él y no desperdiciarlo. Es una tragedia que si todos los cometemos, no aprendamos de ellos. Permita que uno de los mejores maestros le enseñe, lo forme y lo prepare para cosas mayores. No se paralice en la lamentación por haber cometido un error, sino prepárese para la lección que vendrá después de él. Algo nuevo está por comenzar, algo importante, algo que podría cambiar su vida para siempre. Prepárese para los nuevos desafíos, las nuevas oportunidades y su nuevo futuro. En mi libro más reciente “Triunfaras” dediqué todo un capítulo a conversar de cómo puede usted convertir sus errores en sus mejores maestros. Sería excelente si lográramos entender que cada error es, en efecto, una inversión en nuestra cuenta de credibilidad y crecimiento. En lugar de ver el error como una pérdida necia, lo podríamos ver como una inversión inteligente. En lugar de ver los errores como enemigos, veámoslos como grandes aliados en nuestro aprendizaje. Sus errores también pueden llegar a cambiar el mundo. 

 

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